lunes, 22 de octubre de 2012

Nunca dejes de creer

Un autor, por desconocido que sea, jamás debería dejar de creer en su obra. Otra cosa es que su trabajo, por diferentes motivos, requiera de lo que a veces parece una incesante revisión. O tal vez, por motivos de las tendencias editoriales (modas), necesite de una larga espera. La oportunidad favorable, principalmente surge de la mezcla de tres factores: que al obra esté madura, que alcancé el momento apropiado en la editorial adecuada. Como no podemos controlar el momento apropiado —información que las editoriales no suelen facilitar, aunque los agentes literarios si suelen conocer—, lo más conveniente es que trabajemos al máximo para que la obra esté lista. Existen varios autores que publicaron obras que funcionaron muy bien, siguiendo la pauta de escribirlas, dejarlas reposar un periodo de tiempo; seguir formándose, adquiriendo ideas y conocimientos, para luego reescribirlas. Es algo bastante común.

En definitiva, todos los autores que ahora inundan las librerías fueron desconocidos en algún momento. Aunque sea inquietante asumirlo, una editorial usa una lupa mucho más fina con un escritor novel. Cuanto más importante la editorial, más fina la lupa. Es lógico. Y algo que puede resultarte un handicap —lo es—, solo nos avisa de que vamos a tener que trabajar, trabajar, descansar, aprender, volver a trabajar y esperar nuestra oportunidad. ¿Quien dijo que fuera fácil?

Las editoriales saben que muchos de los autores que ahora tienen se agotarán, dejarán de funcionar o se irán. Aunque la crisis haya estrechado el paso a los nuevos autores, las editoriales saben que no pueden cerrarse por completo a las nuevas voces. El mundo electrónico, un lugar donde cualquier autor puede aparecer sin necesidad de ningún apoyo ni filtro, los tienen en alerta. Siguen existiendo casos de nuevos autores que irrumpen con fuerza. Ese es el hueco que debemos aprovechar para buscar nuestra oportunidad. No se pueden cerrar por completo.

Entonces, para terminar, mi consejo es que nunca dejes de creer. Si acaso, cada vez que te desanimes o antes de introducirte en este mundo de libro, preguntate si estás preparado para asumir el esfuerzo y sacrificio que supone llevar tu obra al papel.

Considero que el premio final vale el esfuerzo. Y si encima, disfrutamos de lo que escribimos, algo que considero es lo más importante de todo, entonces doblemente lo vale.

Mucha suerte!!!

lunes, 15 de octubre de 2012

Otra historia de un cruel rechazo editorial

Es el colmo. Desde hace días me escribe un autor con el que he mantenido interesantes conversaciones. Es un autor joven con varias obras publicadas; la última en América bajo un sello editorial importante y que funcionó bastante bien. Todo gracias a una agencia que le ayudó a este fin. Sin embargo, en los últimos tres años —ni más ni menos— se tomó muy en serio una nueva novela. Quiso hacerlo de forma profesional y se buscó a una correctora para que supervisase su obra. La trabajó, la revisó y la pulió al máximo. Todo con un enorme sacrificio como lo es levantarse a las 5 de la madrugada o dormirse a las 3 para poder compaginar vida social y laboral. ¿Cuál creeis que fue el resultado?

Previamente había enviado un fragmento a su agencia. Le respondieron que les interesaba y que tenía muchas posibilidades. Una vez terminado, lo envió y pasó al incómodo tiempo de la espera. Se hizo eterna. La agencia a la que pertenece le dijo que estaban saturados y que un crítico externo de confianza lo leería. Pasaron un mes, dos y hasta tres meses del plazo previsto. En ese momento se decidió a escribir y..., lo rechazaron. ¿Qué le dijeron?

Su agente le respondió —sin ningún miramiento— que lamentablemente no podía representar el trabajo. A su pregunta si podía ver el informe le aclararon que era confindencial. ¡Increíble! Su propia agencia impidiendo conocer el problema de su trabajo. Todo esto sabiendo que tiene sus derechos cedidos a esta agencia por dos años (le quedan seis meses). Es decir, no puede ni autopublicar ni firmar con nadie más sin consentimiento de su agencia. Se sintió atado de manos y piernas.

Ante su lógica insistencia, acabó por recibir un comentario que decía que no iban a trabajar una obra que no les gustaba, y que el trabajo contenía un mensaje demasiado materialista, confuso y que no encajaba. Se quedó de piedra. Había creado una obra con un enfoque espiritual que contiene un mensaje materialista. Es decir que escribió lo contrario a lo que pretendía. Y ni la correctora ni nadie que la leyó, se percató de este mensaje. Sin duda se debió sentir enormemente frustado. ¿Quien no?


Desanimado me escribió. Se sintió harto de este tipo de personas que aunque tengan el derecho a decidir lo que hacen con sus empresas, se olvidan que detrás de un libro hay una persona, con sentimientos, sueños y largas horas de trabajo. La correctora con la que trabajó le insistió que lo que decían era imposible. Le aseguró que alguien descubriría el trabajo. Que debía haber otro motivo para este rechazo. Él no entendía nada. La correctora le sugirió la idea de que con toda seguridad no lo habían leído. Lo alentó a no rendirse y le presentó a un crítico profesional-amigo que conmovido lo leyó. Lo puntuó con 8 sobre 10, destacando las grandes posibilidades. Destacó la profundidad del mensaje—nada materialista—, lo trabajado, lo entretenido y emotivo que era el texto. El crítico no pudo encontrar ese mensaje materialista ni confuso. Todo lo contrario. Se encontró con una obra respetable, que merecía el tiempo necesario y que destacaba en muchos sentidos.

¿Que creeis que hicieron con su trabajo en la agencia? ¿Lo leyeron? ¿A qué se debe?

En este momento le he estado ayudando un poco para buscar opciones. He intentado que no se desanime. Una agencia importante y una editorial han aceptado valorar el manuscrito. Esto también habla bien de la obra. Estoy tan impaciente como él de que lleguen buenas noticias. Si va bien, me ha prometido autorizarme a dar a conocer su trabajo.

¿Cómo creeis que acabará esta historia? Yo he leído el trabajo y apuesto porque terminará viendo la luz y —como otras historias conocidas que existen— acabará siendo conocida por sobreponerse a un cruel rechazo y llevará a estirarse de los pelos a la agencia. Se admiten apuestas...

jueves, 11 de octubre de 2012

¿Por qué me rechazan? - parte I

Vayamos un paso más...

Y esto solo es una página...
Un amigo que trabajó por un tiempo en una editorial, me contó que el 70-80% de los manuscritos que llegaban sin ser solicitados, no son publicables. Inmadurez de la obra, errores de bulto, faltas de ortografía abundantes, fallos graves de estructura, incoherencias, falta de cohesión... Si damos por descontado que hemos acertado con la temática de nuestra trabajo, generando la intención de valorarlo, un sin fin de fallos pueden provocar que el agente o la editorial aparte sus ojos de la obra —independientemente de que el texto pudiese acabar teniendo un gran valor. Por lo general, antes de decidir si el texto es leído por un lector externo o es olvidado, les basta con ojear un pequeño fragmento para decidir. Por descontado que una temática que no le resulte atractiva acaba por igual sin respuesta. Pero este detalle nos avisa que debemos hacer lo posible por cuidar al máximo nuestro trabajo.

Por ejemplo, un fallo común es no leer la obra en voz alta. Al hacerlo, de forma natural, tendemos a puntuar el texto de forma inconsciente. Si nos quedamos sin oxígeno al leer nuestras frases o hacemos paradas que no están puntuadas en el texto, sin necesidad de ser un profesional de la corrección, podemos darnos cuenta que algo falla. Leed los textos siempre en voz alta una vez terminados. Vereis como sin daros cuenta, encontrais fallos en la puntuación, alteraciones en la forma natural de estructurar nuestras frases y falta de acotaciones en los diálogos que provocan que el lector no sepa quien habla. Entre otros.

Muchos escritores reconocidos —pese a su gran nivel— usan correctores y lectores para revisar sus trabajos. Los escritores noveles, por falta de recursos, no solemos contar con esta ayuda profesional. Se dice que un texto que se lee con facilidad no es debido a la capacidad del escritor, sino a lo revisado y trabajado que está. Cuanto más revisado, mejor se lee. Y eso es algo que debemos tener en cuenta. Debemos demostrar que vamos en serio. Ir en serio, significa trabajo y trabajo. Escritura y reescritura. Revisión y corrección. Las que haga falta.

Cuando presenté uno de mis primeros trabajos para un informe, me dijeron que el texto solo era el borrador de una buena novela. Familiares, amigos e incluso algún escritor dijeron que la obra era estupenda. Nada más lejos de la realidad. Yo, como lector, tampoco fui capaz de ver la diferencia entre un borrador y un trabajo bien desarrollado. Cuidado con esto. Tras volverlo a leer con el ojo crítico, me di cuenta de como mi impaciencia no me había dejado ser objetivo. Suele ser díficil para uno mismo. Después, tras un largo proceso de reescritura, tras corregir todo aquello que el informe remarcaba como negativo, la obra recibió una valoración alta. Ya estaba un poco más madura. Y este texto inicial, siempre tratado con indiferencia o respuestas tipo como: «la obra no encaja con la línea editorial» —en editoriales que precisamente publican este tipo de texto—, pasó a ser aceptado para valoración en el 30% de los intentos. Incluso para agencias o editoriales que se suponían saturadas. Sin duda algo que confirma que un texto bien trabajado cuenta con mayores oportunidades.  

Trabajad vuestros textos y suerte con ellos!!!
Aunque todavía nos falta mucho más por conocer...

martes, 2 de octubre de 2012

El desierto hacia la publicación

¿Dispones de lo necesario para emprender el camino hacia el mundo editorial tradicional?

Desierto hacia la publicación
Seamos sinceros: las personas que escriben una obra maestra tras su primer manuscrito, sin algún traspies, sin haber tenido que escribir y reescribir, sin haber sufrido momentos de desaliento..., son tan escasos como el hombre de ciudad que solo con una brújula se dispone a cruzar el desierto y de pronto, antes de que surja el cansancio, la sed y el hambre, se encuentra un oasis. Se pueden contar con los dedos de una mano. Y escribir, escribimos muchos.

Pero está bien. Es bueno saberlo. Si consideramos que la ciudad de las editoriales se encuentran justo después de varios días de camino entre el desierto, y es la primera vez que nos enfrentamos a uno... ¿es fácil perderse?

Las editoriales o las agencias, por lo común, no nos van a ayudar a orientarnos. Ellos, por saturación y porque sus interesés son otros, no ta van a facilitar información de porqué tu libro no es publicado (en el desierto existen muy pocos puntos de referencia para orientarse). Las opiniones de familiares y amigos, personas que están vinculadas emocionalmente con nosotros, son un apoyo, pero volvamos a ser sinceros: ¿ellos conocen el mundo literario en profundidad? La realidad es que sus opiniones son un reflejo todavía más subjetivo del que pueda tener un crítico literario (como la visión de un oasis). Entonces viene la pregunta: ¿De qué disponemos para orientarnos?

La confianza es lo más importante. Del mismo modo que nadie se atrevería a cruzar un desierto sin creer en si mismo, nadie puede emprender este objetivo sin ella. La necesitas. Pero ahora bien, ¿de dónde obtienes tu confianza? Si la confianza sale de un autoengaño, si la confianza surje de esa lado vanidoso que todos en mayor o menor medida tenemos, si la confianza se apoya en personas que solo quieren vernos sonreir, lo más probable, si la suerte no está de tu parte, si no eres un genio, es que pronto, en el silencio del desierto, la vayas a perder. ¿De dónde obtenerla?

Muy bien. Desde que comencé a hablar del critico literario, esta es mi conclusión final:
En primer lugar el crítico va a hacer una valoración profesional de nuestra obra tal y como la haría una editorial. Es muy importante que elijamos un buen crítico y con experiencia. En muchos casos el crítico nos va a descubrir detalles de nuestro trabajo, manias y errores que pasan desapercibido para nosotros. Por lo general, su opinión del ritmo, gramatical, ortográfica y de estilo suele ser muy fiable. Siempre que presentemos una obra a una agencia o editorial debemos entregar un manuscrito lo más limpio posible. Por otro lado, su valoración comercial del texto y de sus posibilidades aunque también cuestionable y subjetiva, nos puede ayudar a saber qué diría una editorial y quizás en qué punto se encuentra nuestro trabajo. Sabremos si nuestra obra todavía esta verde, empieza a parecerse a lo que la editorial busca o está madura. Si hemos encontrado un buen crítico, la ayuda puede ser grande. Claro que tu obra puede seguir siendo rechazada pese a una buena crítica. Existen otros motivos. Pero la más importante, la causa por la que yo quise hablar del crítico: es porque si al final consigues una valoración positiva, tu confianza, tus herramientas para guiarte por el desierto, son mucho más eficaces. Puedes usar esa crítica para saber que hiciste las cosas bien, que tu trabajo tiene un valor para las editoriales y sobre todo: no rendirte.

¿Puedes ver el final tras las últimas dunas del desierto?
Bueno, todavía nos faltan muchas cosas por conocer...