martes, 4 de diciembre de 2012

¿Desanimado? ¿Conoces a Dostoievski?


Fiódor Dostoievski
Sin duda, otro de esos hombres que supo transformar las adversidades en oportunidades, fue Fiódor Dostoievski. Se habla mucho de los rechazos a Hemingway, Oscar Wilde, Jose Luis Borges, Gabriel García Márquez y un largo etcétera. Pero Dostoievski no solo fue un ejemplo para superar sus fracasos editoriales, sino también la difícil vida con la que acompañó su pasión por escribir.

La historia de este gran autor comienza, ya que para saldar una deuda con un usurero, decidió traducir Eugenia Grandet. Se cuenta que este hecho despertó su vocación y lo empujó a abandonar el ejército y dedicarse a la literatura. Gracias a la novela epistolar que escribió después: pobres gentes, consiguió su primer éxito y logró convertirse a sus 24 años, en toda una celebridad. Pero sus siguientes obras (El doble (1846), Noches blancas (1848) y Niétochka Nezvánova (1849)), no tuvieron el éxito de la primera y sumió al autor en una depresión.

La muerte de sus padres, sus continuos ataques de epilepsia (muchos de sus personajes las padecían), las deudas que heredó... Sus obras reflejan todas las penurias que tuvo que pasar. Incluso acabó siendo condenado a muerte (pena que fue conmutada por cinco años de trabajos forzados). Pero siempre volvió a escribir. No se rindió. Llevaba la literatura en la sangre. Sin embargo, después de subir a la cima, sus obras posteriores tampoco alcanzaron el éxito esperado. Golpeado por la muerte de su esposa y su hermano, acabó perdido en el juego aumentando sus deudas.

La vida lo golpeó una y otra vez. Las críticas y los fracasos lo llevaron de nuevo a la depresión. Pero jamás se rindió. Ya fuese por necesidad económica o tal vez emocional, ante las negativas de editores, se autopublicó. Tras crear una pequeña editorial, publicó la versión completa de Los demonios. El éxito fue abrumador. Aprovechó el tirón para reeditar varias de sus obras anteriores y comenzó a publicar en la revista Diario de un escritor. Hasta que quizás llegó el momento cumbre de su obra: Los hermanos Karamazov. Obra que aparecería en gran parte en la revista El Mensajero Ruso.
Como veis, nunca desistió. Su vida y sus obras viajaban juntas. Desde mi reflexión, me siento seguro al decir que no podía vivir ni dar sentido a su vida sin sus obras. Estoy seguro que cada traspié, cada derrota, cada momento de dolor, era transformado en un personaje, en una historia, en un página repleta de tinta. Así daba sentido a lo que sufría. Y liberaba su dolor. Usaba cada una de sus emociones para darle vida a un montón de hojas pegadas en el borde. Todo se puede utilizar. Pero lo importante, lo que creo que podemos extraer todos de esta historia, es que al no rendirse, al superar cada tropiezo, cada rechazo, se acercó a lo que pretendía: ser escuchado. Y vaya si lo logró.

Ahora bien, salvando las distancias, aunque las épocas hayan cambiado, ¿vamos a rendirnos por unos cuántos tropiezos o rechazos? Mejor hagamos de las letras, del mensaje escrito, nuestra pasión.