miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Por qué ayudar a otros autores?

En los últimos días se ha incrementado ligeramente las visitas a este blog y mucho más los correos que recibo de autores. Como la mayoría me preguntan por qué hago esto, o se lo cuestionan sin preguntarme, me voy a permitir un pequeño comentario para aclararlo:

Antes de nada, quiero decir que entiendo la desconfianza y no me molesta. Es más, deben proteger sus obras como lo que son; verdaderos tesoros. También entiendo la desconfianza porque yo también sufro este mundo y no es habitual encontrar personas dispuestas a ayudar por nada. Más sin embargo, yo soy uno de esos locos que creemos en la utópica idea de que aportando nuestro granito de arena, en la satisfacción por el bien ajeno, conseguimos un mundo mejor.  Un mundo donde todos nos ayudamos en vez de competir. Yo me sentí muy solo en el esfuerzo por publicar mis obras y me sigo sintiendo. Y como se muy bien lo que es, no deseo que otras personas se sientan del mismo modo. Lo que aprendí, lo que pueda ofrecerles —con más o menos acierto— y servirles de ayuda, es suyo. Solo pregúntenme o pídanmelo.
Volviendo a mi locura: ¿no creen que sería este mundo más fácil y complaciente si esta actitud predominase?
Suerte con sus trabajos.

miércoles, 2 de octubre de 2013

¿Se cierran las puertas para los nuevos autores?


El sector del libro, según agentes, editores y libreros, se contrae. Las ventas de los best-sellers han subido ligeramente, pero el libro intermedio y del autor desconocido se desploma. Esto provoca que las puertas hacia el mundo de las editoriales de muchos escritores noveles y no tan noveles, se vean reducidas. Y según me aseguran: ¡mucho!

Lo puedo corroborar con la cantidad de gente que me escribe siendo rechazados por las editoriales, desatendidos en agencias o simplemente ignorados. Muchos de ellos con obras que tiempo atrás seguro que se hubieran publicado. Por eso, viendo la situación que atraviesa la economía mundial, me pregunto: ¿es el futuro tan desalentador?

Por ejemplo, en España el libro se consolidó en 2012 como la principal industria cultural gracias a los 5.461 millones de euros que facturaron sus empresas tanto en el mercado interior como el exterior. El 30% de la producción editorial se distribuye fuera del país. Por ejemplo, en el año 2011 se exportaron 2,2 millones de ejemplares con destino Chile. Voces como las de Javier Sierra, Matilde Asensi o María Dueñas han alcanzado éxito en mercados tanto nacionales como exteriores. También nuevas voces como las de Dolores Redondo, Natalia Sanmartín o Javier Carrasco con los libros: El guardián Invisible (Destino), El despertar de la señora Prim (Planeta) e Intemperie (Seix Barral), respectivamente, también han conseguido importantes ventas dentro y fuera de la península ibérica.

Entonces, ¿es tan sombrío el futuro para los escritores noveles? Mi respuesta es que NO. Antiguamente, en la llamada burbuja del libro, donde se publicaba y se publicaba muchas obras sin descanso, surgía el problema de que un libro de un autor desconocido solo permanecía una media de 15 días en la librería. Si es que llegaba a situarse en alguna estantería. Era habitual que antes de que un libro fuese comentado o incluso a llegar a ser conocido por el librero, ya había decenas de novedades más empujándolos fuera de la librería. Esto impedía que el libro tuviese el tiempo necesario para llamar la atención del lector. También el tiempo que una editorial podía dedicar a su promoción se reducía al mínimo o a nada. Así grandes obras se han perdido. El enorme esfuerzo de sus autores con ellas. Por eso que se publique menos no es tan negativo como pensamos y la reducción de las publicaciones se puede ver por el lado positivo. En realidad siempre fue difícil publicar, aunque sin duda, en estos momentos, vamos a tener que ser más exigentes con los que escribimos y trabajar más nuestras obras para que sea una de las que se aceptan. Es verdad que muchos detalles escapan de nuestro alcance, pero el hacer de nuestras obras buenos trabajos , sí está en nuestras manos.
¡Ánimo!

lunes, 29 de julio de 2013

Seamos objetivos

Esta es la historia que más veces se repite: Un nuevo talento acaba de terminar su primer manuscrito. A continuación lo da a leer a algunos amigos y familiares. El resultado es que todos se fascinan con su historia. Con un poco de suerte te critican alguna cosa que aunque duele un poquito, nos empuja a darle una revisión. Salvo alguna excepción —conozco a una escritora que le pidió a su madre que leyese su manuscrito y al cabo de unas semanas le contestó: «¡Perdóname hija, pero este libro es una verdadera mierda!»—, casi siempre te dirán lo buena que es tu obra. La verdad es que a veces estas opiniones favorables hacen más daño que una buena bofetada en el momento exacto. Y lo digo porque la mayoría acabamos creyéndonos poseedores de obras estupendas que acaban enfrentándose al mundo editorial tradicional. Y este, más que una madre pueda hacer por su hija, no tiene piedad. La más mínima. Sin embargo esta escritora, pese a la bofetada de su madre, acabó publicando su trabajo. ¿Entiendes la diferencia?

Nuestras obras son siempre valiosas. De esto no tengo la más mínima duda. Lo que ocurre es que el mundo editorial posee unos criterios para validar un manuscrito, que es difícil que amigos y familiares, y mucho menos nosotros mismos, conozcamos. Debemos aprender.
 
Hace algunos años, cuando empecé, recuerdo que una profesora de un taller literario me comentó que muchas veces cuando leemos una obra que fluye tan bien, que se lee con facilidad y parece tan bien escrita y nos fascina, no es debido al talento de su autor. Aunque sin duda lo posea, más bien es debido a la cantidad de revisiones que ha sufrido. Es como una piedra que un escultor comienza a tallar: Cada día que pasa, cada golpe, la piedra va tomando más y más forma. Hasta que llega el día en que la verdadera imagen de lo que queremos contar, se muestra con la claridad necesaria. Y en este momento, nuestras posibilidades se han multiplicado. Lo que no queremos escuchar, es que en ocasiones, para llegar hasta ese momento, deben pasar años.

Por eso voy a terminar diciendo lo difícil que es valorar para uno mismo las posibilidades de su trabajo. Lo más importante es intentarlo las veces que sea necesario sin creerse el mejor, permitiendo que sea el tiempo, y los rechazos, sin desalentarse, unido al aprender cada día un poquito más, siempre sin perder el disfrute que debe suponer el escribir, lo que nos vaya mostrando cuánto falta y qué debemos hacer para que nuestro manuscrito se acerque a la puerta que nos brinde una oportunidad. Considero que toda obra la merece. Pero es el autor, considerado muchas veces por el editor como alguien ególatra incapaz de aceptar las opiniones negativas sobre su trabajo, el que debe entender que el valor de su obra depende muchas veces de su capacidad de ir creciendo con su habilidad para contar historias. Y crecer, madurar mejor dicho, va unido a nuestra capacidad de aceptar los momentos donde los resultados que vivimos no son acordes con lo que queremos. Ajustarnos a la realidad sin morir en el intento para superarla es la clave. Y aunque publicar siempre sea posible, no claudicar ante el rechazo y la indiferencia, no está al alcance de todos los nuevos autores. ¿Tú puedes?
La respuesta a esta pregunta, más veces de las que imaginas, responde a la duda de si puedes lograrlo o la tuya es una causa pérdida antes de que rellenases la primera hoja del papel en blanco.
 

martes, 30 de abril de 2013

Tú voz

Has pasado los meses anteriores o incluso años trabajando. Solo tú y algunas personas cercanas a ti lo saben. Has rellenado centenares de hojas en blanco con pasiones e ilusiones. Has compartido con tu obra dolor y alegría. Lágrimas y sonrisas. Durante el proceso de creación has vivido en un mundo imaginario que tú solo conoces y te fascinaba. No es imaginario. Para ti no lo es. Existe en tu mente. Y claro, ahora quieres compartirlo. Es comprensible.

Lo has intentado. Probaste todo tipo de caminos y no has logrado que ninguna de las puertas que se encuentran al final —agencias y editoriales—, se abra. Delante del borrador de tu trabajo sientes un profundo dolor, sientes una terrible impotencia, sientes que alguien te ha robado tu voz. ¡Enhorabuena!

Muchas personas se sorprenderán al leer esta exclamación. ¿Cómo puede felicitarme esta persona insensible por tan rotundo fracaso? Sí lo hago. ¿Por qué? Porque ahora he descubierto que tu ilusión no un sueño breve y pasajero. Te duele. Te entristece que nadie pueda escucharte. Te desgarra el alma que no tengas la oportunidad de poder comunicarte a través de tus obras. Y por eso ahora sé que tienes la fuerza interior para cambiar la situación. Solo falta que utilices esa energía devastadora, esa que arrasa tu ilusión, para seguir adelante. Aprender, mejorar, crecer y usar tu dolor para hacer que esa voz, ahora muda, acabe gritando en los escaparates de las librerías. Resonando con fuerza en los oídos de muchos lectores.

¡Ánimo!. Busca alguien que te ayude a hacerla irrechazable. O si es necesario, guarda esa obra, olvídate un poco de ella —ya la retomaras— y escribe una nueva. Una donde sacar lo mejor de ti y seguir aprendiendo. Una donde volver a ilusionarte viviendo algo tan maravilloso como es crear un mundo imaginario y poder vivirlo. Sin perder tu humildad. Esa que te permite no encerrarte en ideas y aprender más, siente como los lectores como yo, que nos gusta descubrir nuevas voces, somos desdichados. Nos estamos perdiendo tú trabajo. Y necesitamos que no te rindas.

Un fuerte abrazo.

miércoles, 13 de marzo de 2013

SUEÑOS DE ESCRITOR


¿Sueñas? ¿Quién no ha soñado alguna vez?

Desde que tienes uso de razón o tal vez desde un suceso puntual en tu vida, una inquietud comenzó a ser compañera tuya: «quiero escribir». Y decidido cómo se que lo eres, comenzaste. Entonces, durante las largas horas a solas, comienzas a imaginar mundos, a dar vida a personajes, escenas, romances, dramas, batallas crueles con finales felices o no tanto. Te sumerges tanto en tu propia historia, que por momentos desconectas de todo. El tiempo y el espacio real desaparecen. Solo existe el tiempo y el espacio de la historia que se dibuja en tu mente. Por momentos solo existes tú y tus personajes llenos de vida que no se detienen mostrándote un mundo nuevo. Vives historias que quisieras vivir o es posible que no quisieras. Te trasportas a países que quisieras visitar o que quisieras que existiesen. Como un sueño lúcido diriges la imaginación dando origen a una chispa y en segundos te vuelves notario de lo que en ese nuevo lugar sucede. Te sientes genial. Es una experiencia extraordinaria. El resultado es interminables hojas de sucesos, diálogos, encuentros, desencuentros, trasformaciones y por fin, un manuscrito. ¡Enhorabuena!

Un momento fantástico llega. Después de tediosas correcciones, ajustes y cambios, satisfecho lo imprimes. Con ese buen tocho de papel encuadernado en tus manos, orgulloso lo muestras. Algunos amigos, familiares, lo leen. «¡Es fantástico!» te aseguran. Y en ese momento, el sueño de que ese libro acabe en manos de cientos de lectores, en librerías y ebooks, adquiere una forma sólida. Lo deseas. Esa sensación que provoca el trabajo bien hecho, te hace sentir bien. Decides probar suerte. Nada más pulsar el botón de enviar de tu cuenta de correo, comienzas a visualizar una pronta respuesta afirmativa por parte de agentes y editores. Te imaginas que te llama el editor sorprendido y diciéndote que tú obra es fantástica. Te sientes emocionado al darle la noticia a familiares y amigos. Morfeo, dios del sueño, te ayuda a verte junto a ellos rodeándote con tu creación en sus manos. Quieren que se los firmes. Pronto lo hacen infinidad de desconocidos. Todos te alagan. Algunas personas se emocionan contigo. Otras consiguen vivir en el mundo que tú has creado; les atrapa y fascina. Tal vez haya gente que les ayudes a través de tus palabras. Alguno que otro te crítica. No te importa. Ya eres escritor. Has logrado un hueco en el mundo de libro. Lo que soñabas. Aunque en verdad sabes que todavía es solo un sueño.

Pronto despiertas. La realidad es diferente. Solo los más afortunados o talentosos, lo consiguen de forma tan fácil. Las respuestas de los editores no llegan. Las que llegan son ambiguas o sencillamente son respuestas tipo. Y cuando tus familiares y amigos te preguntan por cuándo va a ver la luz tu trabajo, te desesperas. Si no llevas cuidado, si eres impaciente y poco perseverante, es posible que un sueño como este se vuelva pesadilla. Pesadilla que como todas quieres que rápidamente desaparezca de tu pensamiento. Te hace sentir mal.

Pronto, los destructores de sueños —así yo les llamo—, aprovechándose de tus dudas se hacen presentes. Te dicen que eso es muy difícil o en el peor de los casos imposible. Te comentan que has de ser muy bueno para lograrlo. Solo unos pocos lo logran. La suerte influye. No vale la pena tanto esfuerzo. Y un largo etcétera… Recuerdo que en mi segundo libro, agradecido por las personas que me ayudaron con el primero, decidí incluir un agradecimiento a libreros, distribuidoras, etc. El corrector de la editorial, amable me dejó una notita junto a mi agradecimiento: «Ahórrate agua y jabón. Ninguno de ellos te va a ayudar»... Entonces, si los escuchas, las dudas comienzan. Ha llegado el momento más difícil y decisivo: has comenzado a creerles.
 
Muchas personas a lo largo de su vida fracasan en el camino hacia sus sueños. Por no decir una inmensa mayoría. Entonces mucho se formulan una pregunta: «¿Por qué?». Y es posible que no encuentren más que respuestas destructivas o dramáticas: No se puede. Es imposible. Fue una estupidez. Una pérdida de tiempo. Los sueños no existen… Lo lamento si es así. Yo no soy de los que se hacen esta pregunta. Yo soy de los que perseveran. Yo soy de los que tratan de aprender el por qué las cosas no funcionan. Trato de alentarme, sobreponerme y superarme. No me rindo. Y a cambio de realizarme esa pregunta; yo me duermo cambiándola ligeramente: «¿ Y por qué no?».

Por eso, si eres como yo, y Zeus no me fulmina como a Morfeo por revelar los secretos a los mortales a través de los sueños, puedes contar conmigo. Te ayudaré en la medida de lo que pueda. Pero lo que si te pido es que no abandones tus sueños. Tú eres el creador de ellos. Y si sinceramente no lo deseas. Si tienes un mínimo de valor y fuerza… nadie tiene el suficiente poder para destruirlos. Nunca lo olvides.
 Ánimo y un fuerte abrazo.

 

jueves, 7 de marzo de 2013

Comentarios...

Buenos días.

He recibido varios correos avisandome de que varias personas han tenido problemas para dejar comentarios. Es cierto que no había prestado demasiada atención a la configuración de estos. Si me extrañaba que con un buen número de visitas y correos no hubiesen más. En definitiva, he revisado la configuración, la he cambiado y espero que ahora sea mucho más sencillo.

Disculpad las molestias.
Un fuerte abrazo y gracias por pasar por este blog.
Hermes.

miércoles, 16 de enero de 2013

¿Y ahora qué hago?


Infinidad de factores mueven a una editorial a decidirse por tu manuscrito. Tal vez sea molesto escucharlo, pero aparte de la intuición de las personas que deciden, la primera gran pregunta que suele formularse un editor es: ¿Cuántos libros se pueden vender?

Ante un escritor novel, las posibilidades de vender se reducen. La posibilidad de que el editor tenga que invertir en la promoción, aumenta. Todavía se complica más debido a los tiempos que corren donde las apuestas, el riesgo, y los recursos, se reducen al máximo. A pesar de todos estos factores, claro que en nuestra contra, este detalle simplemente nos muestra que el proceso se vuelve más complicado. Pero complicado no es sinónimo de imposible. Complicado quieres decir que los filtros serán mayores y por lo tanto, debemos ser más exigentes con nuestros trabajos. Pues de algo debes estar seguro. De un detalle no tengas dudas, y es que si tu manuscrito, seduce al editor, al crítico o a la persona que tiene la decisión final, si el tema que tratas es de su interés, la oportunidad tiene muchas probabilidades de llevarse a buen término.

Hace unos años, ibas a China y cualquiera que montase una pequeña comercial que tuviese contactos con fábricas, hacía negocios con facilidad. Hoy en día, debido a la masificación de estas ofertas, incluso habiendo crecido la demanda, estás obligado a ofrecer algo más. Un valor añadido. Algo que te haga especial. Mejor. Y por supuesto a un mejor coste. Todo esto es un detalle, que llevado al mundo editorial, donde la demanda se reduce y los que buscan oportunidades se apelotonan en la bandeja de entrada del ordenador del editor, nos dice que no son nuestras obran las que fallen, ni tampoco nuestras capacidades (salvo algún fuera de serie, la mayoría de autores tuvieron que vivir un crecimiento, un desarrollo, una evolución). La cuestión es que nuestro proceso de desarrollo debe ser mayor para aumentar las posibilidades de éxito. Sin duda, en la mayoría de los casos, la suerte está a favor de los que trabajan las condiciones apropiadas y adaptadas a los tiempos que corren. Por lo tanto, no es cuestión de azar, quizás lo sea en un pequeño porcentaje, pero trabajar sobre las condiciones requeridas, adaptarse al momento actual mucho más exigente,  aumenta las probabilidades de éxito.

Conozco dos autores que han realizado obras de notable (valoradas por críticos profesionales) y, una de ellas alto, y siguen en la colección de inéditas. Ante la pregunta de qué puedo hacer, yo les digo que tienen dos caminos: Insistir hasta encontrarse de frente con el momento apropiado o buscar el sobresaliente. Rendirse jamás.