miércoles, 2 de octubre de 2013

¿Se cierran las puertas para los nuevos autores?


El sector del libro, según agentes, editores y libreros, se contrae. Las ventas de los best-sellers han subido ligeramente, pero el libro intermedio y del autor desconocido se desploma. Esto provoca que las puertas hacia el mundo de las editoriales de muchos escritores noveles y no tan noveles, se vean reducidas. Y según me aseguran: ¡mucho!

Lo puedo corroborar con la cantidad de gente que me escribe siendo rechazados por las editoriales, desatendidos en agencias o simplemente ignorados. Muchos de ellos con obras que tiempo atrás seguro que se hubieran publicado. Por eso, viendo la situación que atraviesa la economía mundial, me pregunto: ¿es el futuro tan desalentador?

Por ejemplo, en España el libro se consolidó en 2012 como la principal industria cultural gracias a los 5.461 millones de euros que facturaron sus empresas tanto en el mercado interior como el exterior. El 30% de la producción editorial se distribuye fuera del país. Por ejemplo, en el año 2011 se exportaron 2,2 millones de ejemplares con destino Chile. Voces como las de Javier Sierra, Matilde Asensi o María Dueñas han alcanzado éxito en mercados tanto nacionales como exteriores. También nuevas voces como las de Dolores Redondo, Natalia Sanmartín o Javier Carrasco con los libros: El guardián Invisible (Destino), El despertar de la señora Prim (Planeta) e Intemperie (Seix Barral), respectivamente, también han conseguido importantes ventas dentro y fuera de la península ibérica.

Entonces, ¿es tan sombrío el futuro para los escritores noveles? Mi respuesta es que NO. Antiguamente, en la llamada burbuja del libro, donde se publicaba y se publicaba muchas obras sin descanso, surgía el problema de que un libro de un autor desconocido solo permanecía una media de 15 días en la librería. Si es que llegaba a situarse en alguna estantería. Era habitual que antes de que un libro fuese comentado o incluso a llegar a ser conocido por el librero, ya había decenas de novedades más empujándolos fuera de la librería. Esto impedía que el libro tuviese el tiempo necesario para llamar la atención del lector. También el tiempo que una editorial podía dedicar a su promoción se reducía al mínimo o a nada. Así grandes obras se han perdido. El enorme esfuerzo de sus autores con ellas. Por eso que se publique menos no es tan negativo como pensamos y la reducción de las publicaciones se puede ver por el lado positivo. En realidad siempre fue difícil publicar, aunque sin duda, en estos momentos, vamos a tener que ser más exigentes con los que escribimos y trabajar más nuestras obras para que sea una de las que se aceptan. Es verdad que muchos detalles escapan de nuestro alcance, pero el hacer de nuestras obras buenos trabajos , sí está en nuestras manos.
¡Ánimo!