jueves, 17 de septiembre de 2015

Atajos literarios


Llevo varios días de reflexión con la única idea de cerrar este blog. Me he resistido a escuchar la voz de la razón y también a algún consejo que me dice que no continúe. Desde que cree este espacio he dedicado tiempo y altruistamente he ofrecido conocimientos que no fueron fáciles de alcanzar para mí. Me he prestado para ayudar a realizar buenas presentaciones de las obras. Detalle muy importante para que el manuscrito tenga una oportunidad y que muchas veces se descuida. He usado algunos contactos para obtener una breve valoración de pequeños fragmentos de las obras. Todo con el fin de obtener alguna orientación sobre qué pueda opinar una editorial sobre nuestras obras. De este modo saber qué puede estar fallando. Y sin duda lograr una mínima oportunidad. ¿Sabéis dónde queda la mayoría de este esfuerzo? Creo ya sabéis la respuesta.

A día de hoy no escrito nada nuevo por mi desmotivación a continuar. No lo he cerrado porque me produce tristeza hacerlo. Lo hice con toda mi ilusión. A mí nadie me ayudó. Y quería apoyar en la medida de mis posibilidades a otras personas estuvieran en esa situación. Es cierto que por lo general, muchos nuevos autores, ante la falta de información sobre sus obras y el mundo editorial, solo se van golpeando contra silenciosos muros de hormigón. A mí me gustan mucho los soñadores, me encantan, pero he descubierto que no me gustan los sonámbulos. Como entenderás existe una gran diferencia: El soñador solo necesita aprender, trabajar y trabajar y extrayendo lo valioso de cada consejo y nueva información, nunca deja de aprender y mejorar. De este modo su sueño se va haciendo sólido y probablemente se cumpla. El sonámbulo primero necesita despertar. Y en esta tarea me he mostrado ineficaz creo que por una sencilla razón: el sonámbulo no quiere despertar.

¿Publicar con una editorial tradicional es difícil? No. Más bien es superdíficil. En este sentido nuestros familiares y amigos nos ayudan poco, porque les damos nuestros trabajos y rara vez nos dan una valoración crítica objetiva que se pueda acercar a la del crítico de una editorial. En muchos casos estas opiniones no hacen más que reforzar nuestra subjetividad y alimentar el consecuente batacazo. Detalle que se une a que la mayoría de nosotros pensamos que nuestras obras son geniales y por eso consideramos que las editoriales se van a dar bofetadas por comprar sus derechos y descubrir semejante talento. Situación que rara vez sucede.

Siendo objetivos puedo decir que no tengo duda de que cada obra contiene una buena dosis de genialidad. Pero este talento e ingenio, en 7 de cada 8 casos que me encuentro, está todavía demasiado verde. Les falta muchísimo por trabajar y pulir. Tal vez también a su creador. Tras una breve valoración, ante el consejo de que se forme un poco más, ante el consejo de que considere su obra un poco verde todavía o la revise nuevamente haciendo énfasis en determinadas cuestiones, dejan de escribirme, dejan groseramente de contestar o se dedican a insistirme en que les facilite contactos en las editoriales, etc.

Esto me produce mucha tristeza. Muchas de las personas que me escriben -no todas-, no buscan darle una oportunidad a su obra. No quieren aprender ni esforzarse en ello. Ni lo más mínimo. Apenas se han iniciado en un camino, bonito, lleno de descubrimientos y magia, y ya quieren llegar al final. Al ver esta actitud soy consciente de que esta persona difícilmente va a llegar lejos. Solo va a frustrarse cada vez más. Su única intención al escribirme es buscar un atajo. Un camino fácil. Pero lo siento, el único camino que conozco y puedo ofrecerles es el del trabajo, de la humildad, de la paciencia, nuevamente más trabajo, dedicación y más esfuerzo.
Así que solo puede decirles: ¡Despierta!

Y una vez despiertos, pueden contar conmigo.